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The Lucifer Effect

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Mario López de Ávila Muñoz

Emprendedor e inversor, mentor, advisor. Profesor asociado del área de Operations and Quantitative Methods de la IE Business School, imparte clases en la escuela desde el año 1996. Fundador de la Agile Entrepreneurship Spain, la comunidad hispano hablante de interesados en las metodologías Lean Startup en Meetup decana en España y una de las más grandes del mundo. Startup NEXT Madrid Lead Facilitator. Lean Startup Machine Madrid Co-founder. Co-director del proyecto España Lean Startup. Co-fundador de UEIA, primera aceleradora de empresas sociales de base tecnológica en el mundo.


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The Lucifer Effect

el .

Hace años, tuve oportunidad de trabajar para un hombre que se ganó mi respeto por sus muchas cualidades.  Este hombre era (es) muy inteligente, pero eso no fue lo que me impresionó, sino eso otro que se describe a veces como ‘su calidad humana’.  Paciencia, bondad, vocación de servicio, entrega, dedicación, lealtad, sentido del humor… La clase de persona que no puedes dejar de admirar y, por qué no decirlo, que no puedes dejar de querer.  El jefe que todos hubiéramos deseado tener.

La vida es cambio, que han dicho el Buda, Heráclito y un montón de
filósofos y tertulianos del tres al cuarto.  Un nuevo director gerente
llegó a la empresa – en realidad no tan nuevo, puesto que se trataba de
un subordinado de este hombre del que os hablo, un señor "con un buen
padrino", un palanganero del Gran Hombre.  Para decirlo en pocas
palabras, este personaje es algo así como la ‘ausencia de toda luz’.
Un ser completamente amoral, sin más preocupación que el bienestar de
los de su tribu [y sólo en la medida en que afecte al suyo propio].  Alguien verdaderamente maligno, de los que me he encontrado en mi vida sólo unos pocos.

Han pasado cuatro años desde entonces y este fin de semana he sabido
que mi cliente, la persona que tan profundo impacto causó en mí con la
nobleza de su carácter, mi amigo… ha dejado de existir.  Como en una
película mala de extraterrestres, Otro ocupa su lugar – alguien que
recuerda a la persona que fue, pero que es tan distinta de ella como lo
era del Señor Tenebroso que ocupó la gerencia.  Conversando del tema
con unos amigos, no podía evitar sentir una tristeza infinita.  Mi
cliente es ahora una persona enferma, amargada, paranoica,
manipuladora, agresiva, que se comporta como un tirano de cara a su
equipo y como el más servil de los esbirros frente al Maligno, del que
ahora es tan sólo un instrumento más.

Spic1Me
resulta casi imposible creer que una persona de su fortaleza haya
finalmente claudicado.  Luego me viene a la cabeza la lectura del angustioso libro de Philip Zimbardo – aún no traducido al castellano -, pienso en el asqueroso experimento de Milgram, recuerdo cómo unos chavales normales, situados en un contexto aberrante, terminan convertidos poco menos que en bestias, me viene a la cabeza el nombre de Abu Ghraib
o el de tantas personas que han aprendido a aceptar como natural algo
que es a todas luces injusto o degradante para otros, personas ‘buenas’
que, sin ser conscientes del cambio, se envilecen día a día siendo
indulgentes con la mezquindad ajena o propia, con pequeñas ruindades,
que son como un txirimiri de mierda sobre el alma … recuerdo todo eso y comprendo que sí, que es posible.

Esto pasa una y otra vez, pasa en todas partes.  Pasa cada vez que
dejamos que algo que sabemos que está mal continúe estando mal.  Pasa
cuando nos conformamos.  Pasa cuando aceptamos sin cuestionar.  Cuando
no estamos dispuestos a hacer el esfuerzo que implica pensar
críticamente.  Cuando no nos arriesgamos a resultar incómodos o
políticamente incorrectos.  Cuando relativizamos, cuando hablamos de
los "múltiples matices del gris".  Cuando miramos a otro lado.  Cuando
nos decimos "total, lo hace todo el mundo", "total, si no soy yo lo
hará otro", "total…"  Los "totales" nos envilecen.   Si creéis que no
os puede ocurrir a vosotros, es que probablemente ya esté ocurriendo.
Si queréis hacer algo para evitarlo, tal vez leer esto os dé alguna pista.  O esto.

Vamos a intentar que el diablo no gane la partida.

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Mario López de Ávila Muñoz

Emprendedor e inversor, mentor, advisor. Profesor asociado del área de Operations and Quantitative Methods de la IE Business School, imparte clases en la escuela desde el año 1996. Fundador de la Agile Entrepreneurship Spain, la comunidad hispano hablante de interesados en las metodologías Lean Startup en Meetup decana en España y una de las más grandes del mundo. Startup NEXT Madrid Lead Facilitator. Lean Startup Machine Madrid Co-founder. Co-director del proyecto España Lean Startup. Co-fundador de UEIA, primera aceleradora de empresas sociales de base tecnológica en el mundo.

  • Me apunto este artículo en mi “leer de vez en cuando” con un recordatorio cada tres meses pues me da miedo llegar a vivir la experiencia de tu amigo.
    Mi familia, mis amigos y algunas lecturas como este artículo intentan ser mi vacuna.
    GRACIAS Mario.

  • Hola Joserra! Sí, por supuesto, siempre queda espacio para la esperanza ;-) Zimbardo está trabajando en un modelo conceptual del heroísmo (mecachis, ¿por qué no se me ocurrió a mí?) y no la clase de heroísmo del amigo Indiana, sino del heroísmo “cotidiano”, el de personas “comunes” que realizan actos extraordinarios de sacrificio por el bien de perfectos desconocidos. Esos actos de heroísmo se dan todos los días, ahí están, podemos entenderlos, tal vez podamos aprender de ellos lo suficiente como para “armarnos” contra este “efecto Lucifer”.
    De cualquier manera, la clave para mí está en ser conscientes, estar atentos, darse cuenta de lo que pasa por nuestras cabezas.

  • Simpre queda un poco de esperanza, ¿verdad? Leeré atentamente esos dos enlaces que nos pasas al final.
    “como un txirimiri de mierda sobre el alma”… realmente un post muy dramático, muy real.

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